Un interesante y oportuno estudio realizó la Superintendencia de Pensiones sobre los resultados obtenidos por los afiliados a las AFP que se han cambiado activamente de fondo. Desde la creación de los multifondos, en efecto, los movimientos de los cotizantes optando entre aquellos de mayor o menor riesgo no solo han obedecido al ciclo de vida y a su cercanía con la jubilación —objetivo originario en la creación de opciones múltiples en la administración de los recursos—, sino que han ido aumentando, producto de un creciente ‘activismo’ por parte de muchas personas en el manejo de sus ahorros obligatorios. Esto ha sido alentado por asesores previsionales que promueven cambios abruptos a partir de las distintas coyunturas. Así, períodos de alta volatilidad en los precios de los activos, como ocurre en la actualidad, resultan especialmente fértiles para inducir a los cotizantes a cambiarse con el objetivo de ‘adelantarse’ al mercado, y con ello evitar pérdidas mayores.

El estudio de la Superintendencia documenta la tendencia de los traspasos, así como las rentabilidades obtenidas en estos cambios voluntarios. Los resultados ratifican que, mayoritariamente, las estrategias que apuntan a moverse activamente entre fondos han ido en detrimento de los retornos de los afiliados.

Los cambios de fondos han sido, de hecho, crecientes en el tiempo. Entre 2014 y 2019 se produjeron más de 7,6 millones de traspasos, realizados por casi un millón 200 mil personas. Solo en 2019, más del 17% de los afiliados cambió de fondo al menos una vez, lo que da cuenta de que un grupo relevante de los cotizantes hace un seguimiento activo de su portafolio. Casi un 45% de los movimientos han sido entre los fondos A y E, esto es, entre el más riesgoso y el más conservador, ratificando que la motivación dominante sería la referida de anticiparse al mercado y con ello maximizar ganancias o, alternativamente, evitar pérdidas.

Para determinar el resultado de este tipo de estrategias, el estudio contrasta la rentabilidad obtenida por el cotizante al cambiarse de fondo con la que hubiese logrado si se hubiera mantenido en el fondo original hasta el momento de su jubilación, fallecimiento o hasta el fin de cada año calendario. Los resultados son categóricos, mostrando que la gran mayoría de los afiliados que se han cambiado de fondos han obtenido una menor rentabilidad que su opción original. En promedio, el menor retorno obtenido es de 5,5%, aproximadamente. Solo uno de cada cuatro cotizantes que se han cambiado ha logrado mayores retornos por esa vía.

Estos resultados tienen importantes implicancias para el manejo de los fondos de pensiones por parte de los afiliados. La creación de los multifondos fue positiva, porque permitió una mayor diversificación de inversiones de acuerdo al perfil de riesgo. Sin embargo, dada la sensibilidad del tema previsional, un mal manejo de los afiliados puede generar externalidades negativas sobre la institucionalidad e incluso afectar la rentabilidad global de los ahorros, pues obliga a las administradoras a optar por activos de mayor liquidez, aun cuando otras alternativas pudieren ofrecer mejores retornos. Por ello, la experiencia observada podría sugerir una reducción de los márgenes para el activismo en este ámbito, ya sea limitando las posibilidades de cambio o alargando los períodos entre la solicitud del movimiento por parte del afiliado y su materialización. Esto inevitablemente implicaría una restricción al manejo activo de las cuentas, pero disminuiría el espacio para decisiones desinformadas cuyas consecuencias van más allá del patrimonio personal de quien las toma.

Por otro lado, se hace evidente la necesidad de una discusión seria y ponderada sobre la regulación de las asesorías previsionales y, en particular, sobre el manejo que estos asesores hagan de carteras propias, de manera de proteger de mejor manera a los cotizantes frente a los eventuales conflictos de interés de quienes les aconsejan cómo mover sus ahorros.

El Mercurio
05 de mayo, 2020