Para abordar el problema de su pilar de reparto, los uruguayos debieron hacer tres grandes cambios. En primer lugar, tuvieron que aumentar la edad de jubilación, que era de 60 años tanto para hombres como para mujeres, a 65 años para ambos sexos.

Tengo el corazón dividido entre Chile y Uruguay, por eso siempre estoy viendo también lo que pasa por allá. Y como recientemente hicieron una reforma al sistema de pensiones, dada nuestra contingencia, decidí averiguar de qué se trataba. Allá existe un sistema de pensiones mixto con ahorro y reparto que entrega buenas pensiones con una tasa de reemplazo de 64% del salario promedio.

Sin embargo, una reforma era imperiosa, porque el sistema era carísimo y el pilar de reparto estaba “quebrado”. En efecto, a pesar de cotizar 15% del salario solo al componente de reparto, el fisco debía aportar por encima para poder pagar todas las prestaciones. Haciendo una comparación, mientras el gasto fiscal en pensiones de Chile está algo por encima de 3% del PIB, en Uruguay supera el 11%.

¿Por qué se había producido este desequilibrio? Fundamentalmente, porque la natalidad está disminuyendo y la esperanza de vida está aumentando. Desde 1995, cuando Uruguay hizo una primera reforma al sistema de pensiones –introduciendo el pilar de ahorro– hasta la segunda, pasaron de tener 4,4 personas activas por cada pasivo a solo 3,7. Pronósticos señalan que esta relación será de solo 2,8 en 2043.

Es decir, cada vez hay menos recaudación para repartir entre más pensionados, debido al envejecimiento de la población. ¡Lo mismo que está pasando en Chile! Si bien actualmente estamos algo mejor porque hay 4,6 personas activas por cada pasivo, para 2043 habrá solo 2,5.

Para abordar el problema de su pilar de reparto, los uruguayos debieron hacer tres grandes cambios. En primer lugar, tuvieron que aumentar la edad de jubilación, que era de 60 años tanto para hombres como para mujeres, a 65 años para ambos sexos.

Es decir, el sistema rompió la promesa de una jubilación a los 60 años. Para hacer menos doloroso este cambio de reglas, establecieron que la edad de retiro comenzará a aumentar recién dentro de diez años y que se incrementará un año cada dos años, con lo que la transición será de 20 años. Este fue el modo que idearon para legitimar el cambio.

En segundo lugar, tuvieron que reducir el monto de la pensión, haciendo más exigente la fórmula de cálculo del salario de referencia, que ahora se toma sobre la base del promedio de los mejores 20 años de salarios –antes era el máximo entre estos y los diez últimos años de trabajo–.

Y, en tercer lugar, tuvieron que incrementar la tasa de cotización al pilar de reparto de 15% del salario a 17,5%, lo que, sumado a la cotización para el ahorro de 5%, ubica la cotización total en 22,5%.

Saco dos lecciones para nuestro Chile. Primero, no es una buena idea avanzar con pilares de reparto cuando la población está envejeciendo de forma acelerada, porque se hace imposible de financiar. Segundo, toda transición en los sistemas debe ser larga para que haya tiempo para ajustarse.

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