El debate se centra en dónde colocar los 6 puntos extras de cotización y se pierde el foco sobre la principal causa de que las pensiones sean bajas en Chile: nuestro débil mercado laboral formal. Bajo cualquier sistema de pensiones, ya sea capitalización individual o colectiva, reparto o cuentas nocionales, el monto de las pensiones está determinado por el número de años cotizados y por el monto del sueldo por el que se cotiza, es decir, el empleo formal.

Esta semana ingresó al Congreso el nuevo proyecto de ley para reformar nuestro sistema de pensiones. Varias personas han dicho que esta tercera propuesta debe ser exitosa, después de que las iniciativas de Michelle Bachelet y Sebastián Piñera no lograron convertirse en ley.

Las tres propuestas comparten un diagnóstico: la tasa de cotización –el porcentaje de sueldo formal que financia las futuras pensiones– en Chile es un 10%, un porcentaje bajo en comparación con la tasa promedio de la OECD, un 19%. Y dado esto, las tres iniciativas han propuesto aumentar la tasa. En la actual se propone agregar 6 puntos extra de cotización. ¿Dónde surge el principal desacuerdo que entrampa el debate político? Respecto al destino de la cotización extra que se crea: cuántos puntos se destinan a capitalización individual y cuántos a ahorro colectivo.

El debate se centra en dónde colocar los 6 puntos extras de cotización y se pierde el foco sobre la principal causa de que las pensiones sean bajas en Chile: nuestro débil mercado laboral formal. Bajo cualquier sistema de pensiones, ya sea capitalización individual o colectiva, reparto o cuentas nocionales, el monto de las pensiones está determinado por el número de años cotizados y por el monto del sueldo por el que se cotiza, es decir, el empleo formal.

Compartiré unos datos para entregar perspectivas al problema que tenemos. Según la base de «Historia Previsional de Afiliados y Pensionados» (HPA) de la Superintendencia de Pensiones, con cierre en diciembre de 2021, el 50% de las mujeres jubiladas por vejez cotizó menos de 10 años al sistema y por un sueldo menor a 7,913 UF ($237.390 en moneda a dic. de 2021). Es más, el 27% de las mujeres jubiladas cotizó entre 0 y 3 años. ¿Y los hombres? El 50% de los hombres jubilados por vejez cotizó menos de 16,2 años, y el 50% lo hizo por un sueldo menor 11,8 UF ($354.000 en moneda a dic. de 2021).

Estos datos reflejan el débil mercado laboral formal que vivieron los actuales pensionados. Difícil lograr pensiones autofinanciadas altas con este bajo nivel de contribución de los trabajadores.

Luego, en el debate se suele comparar las pensiones de Chile con las entregadas en los países desarrollados de la OECD. Pero ¿cómo está hoy nuestro empleo formal en comparación con estos países. No muy bien. En el 2019 (previo a la pandemia) el porcentaje de chilenos en edad de trabajar (mayores de 14 años) que tiene empleo formal era de un 37%. En los países desarrollados de Europa este porcentaje era de un 51% en promedio. ¡Es una brecha de 14 puntos porcentuales! No podemos aspirar a tener la misma seguridad social que estos países con tanta diferencia en la cobertura del empleo formal.

El debate político ha gastado mucha energía, tiempo y atención sobre dónde colocar los puntos extras de cotización, y se ha dejado abandonado el debate sobre cómo fortalecer nuestro empleo formal. Y este debate tendrá más importancia si queremos subir la tasa de cotización desde el 10% al 16%, lo que tendrá efectos sobre la formalidad.

El efecto de incrementar la tasa de cotización sobre el empleo no es claro. Por una parte, independientemente de dónde se depositan los puntos extras (ahorro individual o colectivo), el aumento desincentiva la formalidad de los trabajadores, dado que reduce el sueldo líquido que reciben en el corto plazo, y encarece la contratación por parte de las empresas. Pero, por otra parte, si esta cotización extra se invierte en el mercado de capitales, aumentará el ahorro del país, lo que fomenta el crecimiento de nuestra economía y con ello los empleos.

De todas formas, si vamos a aumentar la tasa de cotización, debemos hacerlo progresivamente, y evaluando el efecto que está teniendo en el empleo formal. Lo peor que podríamos hacer es implementar una reforma que agudice la principal causa de las bajas pensiones. Y junto con ello, debemos avanzar en una agenda de políticas públicas que fortalezca nuestro empleo formal.

Propuestas hay varias: modernizar la Dirección del Trabajo para que fiscalice la contratación en las empresas y terminar con la subdeclaración de sueldos formales, hacer campaña informativa sobre los beneficios de la formalización y el deber de los empleadores de cumplirlo, mejorar la flexibilidad laboral para ayudar a las madres y padres, diseñar ayudas fiscales que incentiven la formalización de sueldos bajos, etc.

Recuperemos el foco en el debate previsional y coloquémoslo en uno de los mayores problemas de Chile sobre seguridad social: la baja formalidad del empleo. En este debate deben colaborar no solo los políticos, sino también el mundo de la academia y la sociedad civil con su experiencia y conocimiento.

Fuente: ElMostrador.cl

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