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Los países en vías de desarrollo están envejeciendo antes de hacerse ricos, con consecuencias para su futuro

16 abril, 2018

Mariuza da Conceicao Aparecida fue profesora de matemáticas y ciencias en escuelas públicas durante 27 años, suficiente para jubilarse con una pensión completa ya cerca de cumplir los 60 años.

El año pasado, más de dos décadas después, esta mujer de 80 años estaba obligada a hacer fila en los bancos de alimentos. Las abultadas obligaciones de jubilación casi tienen en bancarrota al gobierno del estado de Río de Janeiro, dejando a Aparecida sin su cheque de pensión durante cuatro meses seguidos. Ella ha recurrido a cantar en las calles para llamar la atención sobre la situación de los ancianos.

“Me da pena ver el Río que yo adoro en una situación como esta”, expresó.

El sistema de pensiones del país es inusualmente generoso.

Lo que está contribuyendo a hacerlo inviable es un cambio demográfico que probablemente va a pesar sobre Brasil y otras economías emergentes durante las próximas décadas: el firme envejecimiento de la población el que está sucediendo más rápido que en el mundo desarrollado, dejando a estas economías menos tiempo para ajustarse.

En otras palabras, están envejeciendo antes de hacerse ricos.

A través de toda Latinoamérica y Asia, décadas de tasas de natalidad decrecientes y expectativas de vida crecientes han producido más jubilados con menos trabajadores para apoyar el cuidado de ellos. Para aquellos a cargo de las políticas de gobierno, esto significa desafíos a medida que los costos cada vez mayores de las pensiones y la salud dejan menos dinero para el desarrollo económico.

Un problema de economías avanzadas El envejecimiento de la población es algo muy conocido en las economías avanzadas como EE.UU., donde la baja en la tasa de fecundidad luego del auge de nacimientos post II Guerra Mundial hace años estrechó la razón trabajador-jubilado. Estados Unidos ya era rico, no obstante, con amplia infraestructura e instituciones establecidas.

Sin embargo, no es el caso en Brasil. La escasez crónica de viviendas ha dejado a cada ciudad importante salpicada de poblaciones marginales que se conocen como favelas. El metro de Sao Paulo tiene una quinta parte del kilometraje del de Nueva York, aunque la ciudad brasileña tiene el 40% más de población. A nivel nacional, más de la mitad de las aguas servidas no tiene tratamiento. El adulto promedio tiene solo ocho años de escolaridad formal.

Abordar esos problemas que impiden el crecimiento ha sido desde hace tiempo una prioridad de gobierno, pero el poder financiero para esto seguramente se va a ver afectado. Los pagos de las jubilaciones ya consumen el 43% del presupuesto nacional de Brasil, y la salud, alrededor del 7%, mientras que dos gastos que son críticos para el desarrollo económico —educación e infraestructura— absorben solo el 3% aproximadamente cada uno.

Las proyecciones de Naciones Unidas para 2050 La insuficiencia de ingresos del Seguro Social se amplía cada año mientras la razón trabajador-pensionado se encoge. Naciones Unidas proyecta que para 2050, el número de trabajadores potenciales por jubilado en los países en vías de desarrollo de ingreso medio alto tal como Brasil va a caer de siete en 2015 a solo 2,5.

Solo Japón ha enfrentado alguna vez un cambio de esta envergadura en un período igualmente corto, y ahora tiene uno de los gobiernos más endeudados del mundo.

En el Reino Unido y EE.UU. demoró 95 años y 82 años, respectivamente, que las tasas de fecundidad bajaran de más de seis hijos por mujer a menos de tres. En Turquía, este cambio tomó solo 27 años; en Brasil, 26, y en China, solo 11.

Las firmas de clasificación crediticia se están poniendo inquietas. Standard & Poor’s estima que a menos que haya cambios importantes en los sistemas de salud y pensiones que se financian con fondos públicos, el envejecimiento de la población ayudará a impulsar la deuda neta del gobierno en las principales economías emergentes a niveles extraordinarios; el 307% del producto interno bruto en Brasil; 274% en China; 262% en Rusia, y 341% en Arabia Saudita para 2050.

Sus bonos soberanos serían clasificados chatarra dentro de ese contexto, señaló un analista de S&P, Marko Mrsnik. La economía importante más endeudada actualmente, Italia, tiene una deuda neta de solo el 120% del PIB. “Es muy importante entender la situación y actuar antes más bien que más tarde”, indicó Mrsnik.

La buena noticia, sostienen expertos, es que aquellos a cargo de las políticas pueden abordar los déficits del seguro social desde diversos ángulos: pueden elevar la edad mínima para jubilar aumentar el número de años en que los trabajadores deben pagar al sistema, o reducir los desembolsos. La mala noticia es que esas medidas tienden a alejar a los votantes.

Los escollos políticos se pueden ver en Brasil, donde el trabajador promedio jubila alrededor de los 55 años. El gobierno del Presidente Michel Temer en febrero archivó un esfuerzo de un año para reacondicionar el sistema del seguro social que está agobiado por el déficit.

Su fracaso reflejó en parte los bajos índices de aprobación para Temer, quien enfrenta acusaciones de corrupción, las que ha negado, pero también acentúa la realidad política que una vez que se otorgan los derechos es difícil reducirlos.

“Las personas no se vuelcan a las calles en favor de una reforma de pensiones, solo en contra”, expresó Marcelo Caetano secretario de Seguridad Social de Brasil y arquitecto de la propuesta que se dejó de lado.

Igualmente se vislumbran costos de salud enormemente más altos, en parte debido al éxito de los países pobres en reducir la mortalidad infantil.

Los niños menores de cinco años ahora responden por solo el 2,9% de las muertes en Brasil en comparación con 1976, que era del 35%. Esto en parte refleja el bajo costo de tratar una mayoría de enfermedades de la infancia; la diarrea, una vez una causa importante de muerte de niños pequeños, se puede tratar con sales de rehidratación que cuestan poco, 10 centavos el paquete.

¿Cubrir a las personas que no aportaron al seguro social? Las enfermedades de la gente mayor afectan el presupuesto en forma diferente. “Si salva a las personas de morir de cosas baratas, mueren de cosas caras”, expresó Lant Pritchett, economista de desarrollo de la Universidad de Harvard. “Al hacer una cirugía a corazón abierto a un hombre de 72 años, no puede pretender que va a tener beneficios de productividad futuros”.

En los viejos tiempos de altas tasas de natalidad y familias grandes, un trabajador agrícola de edad podía a menudo contar con un pequeño ejército de hijos como apoyo tras su retiro.

Actualmente, esa labor recae en el gobierno. Pero en países donde el trabajo informal está muy extendido, las autoridades luchan con una decisión compleja: si cubrir o no a la ciudadanía de edad que no contribuyó lo suficiente con el seguro social.

Brasil, donde los empleos formales son raros fuera de las ciudades, optó por hacerlo. Su Constitución de 1988 establecía que todo el mundo tenía derecho a beneficios de salud y jubilación e indicaba que era deber del Estado proporcionarlos.

Beneficios financieramente irreales Esos beneficios eran financieramente irreales en esa época de inflación galopante, pero se otorgaron cada vez más bajo el gobierno de izquierda del Partido de los Trabajadores, que asumió en 2003. Gracias a un auge en las materias primas, el gobierno entregó pensiones a millones de campesinos y trabajadores informales que no habían aportado dinero. Igualmente, casi duplicó el salario mínimo mensual el que la Constitución fijó como el piso para los cheques de pensiones.

El resultado: los trabajadores rurales pagaron alrededor de US$ 3 mil millones en impuestos del seguro social por los 12 meses hasta septiembre de 2017 mientras que los jubilados rurales cobraron alrededor de US$ 36 mil millones en beneficios.

En otra pesadilla fiscal, diversos sistemas de pensiones para empleados públicos a menudo les prometen beneficios iguales a sus salarios completos en la jubilación.

Un privilegio especialmente generoso es el que disfrutan las hijas solteras de militares. Cuando el ex dictador militar Emilio Garrastazu Médici estaba en su lecho de muerte en 1984, su nieta biológica, Claudia Médici, decidió que su abuelo la adoptara como hija. Más de tres décadas después de su muerte, ella sigue recibiendo su pensión. Un abogado de Claudia señaló que el general la amaba como una hija.

Cortesía de esa generosidad los pagos de pensiones de Brasil ya llegan a los mismos niveles de algunos países que tienen más ancianos. Brasil destina el 13,1% del PIB a pensiones, lo que es más o menos lo mismo que Grecia, donde la cantidad de habitantes mayores de 65 años es de más del doble que en Brasil.

El estado de Río de Janeiro donde la edad media es tres años más alta que en el país en general, indica lo que les espera a las economías emergentes si siguen gastando como si nunca vayan a envejecer.

Aunque solo el 11% de la población de Río tiene 65 años o más, la nómina de sueldos del gobierno del estado ya incluye más pensionados que empleados públicos activos.

Los pagos del seguro social para los trabajadores no gubernamentales llegan al límite equivalente a US$ 1.700 mensuales pero una mayoría de trabajadores de gobierno obtiene pensiones que igualan su salario completo cuando trabajaron por última vez, indexadas a la inflación.

La persona mejor pagada recibe alrededor de US$ 10 mil mensuales, en un país donde el trabajador promedio gana menos de US$ 700 al mes.


Fuente: El Mercurio
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